S.O.S. SAN FRANCISCO: no digas que no te importa

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martes, 6 de octubre de 2009

Los Jardines Centenarios de Ourense


Noticia de La Voz de Galicia sobre la conferencia de ayer de Elena Español Álvarez en el Ateneo.


Los jardines centenarios de Ourense
Un estudio de la bióloga Elena Español saca a relucir las peculiaridades de la Alameda, O Posío y San Lázaro
Nos rodean y en ocasiones ni siquiera nos fijamos en ellos. Son lugar de encuentro de todos los ciudadanos pero también esconden algunos de los tesoros de la ciudad. Los jardines de la capital -los que tiene más de cien años- fueron ayer analizados por Elena Español Álvarez, ingeniera técnica en Química Industrial, por E.T.I. de Vigo; así como licenciada en Biológicas por la Universidad de Compostela, en el marco del Ateneo, de la mano de la Asociación Ciudadana por la Libertad el Progreso y la Democracia.

Durante los últimos años ha realizado diversos estudios en las principales ciudades de Galicia, entre ellas Ourense, analizando la riqueza de los jardines con más de cien años de existencia. En la capital ourensana son: Alameda, O Posío y San Lázaro. Elena Español asegura que aunque los tres jardines son de tamaño reducido, tienen muchas cosas interesantes.
El más antiguo

La Alameda es el más antiguo de los tres. Fue la huerta del ayuntamiento y a partir del siglo XIX, concretamente en 1846, inicia su construcción como Alameda, coincidiendo con el auge en España de este tipo de espacios. Se abre la calle por el centro del mismo en esa misma época y queda dividida en dos zonas: la parte superior de la Alameda y la plaza de Bispo Cesáreo. Español destacó los plátanos de esta zona pero no se olvidó de enumerar la importancia de sus estatuas conmemorativas, de los edificios que la rodean y de la fuente, traída desde Oseira.

Del jardín de O Posío destacó que nació como un arboreto (plantación de árboles destinada a fines científicos, como el estudio de su desarrollo, de su acomodación al clima y al suelo, entre otros). Lugar de encuentro de botánicos, fue uno de los primeros de Galicia de estas características, construido también a finales del siglo XIX. Destacó de este lugar la presencia de eucaliptos «de los que más crecen de Galicia a pesar de que el clima de Ourense no es muy favorable», explicó. Habló, además, de la importancia de los cedros y de las palmeras que alberga y de la fauna que allí se ha establecido.

Finalmente se encuentra el de San Lázaro. En la antigüedad albergaba un lazareto (hospital para leprosos). Elena Español subraya que este lugar fue poco a poco perdiendo espacio de cara a la urbanización de la capital. «Es importante, además de las especies que alberga, la frescura del lugar, su ubicación en la ciudad y su entorno».
Entrevista:

sábado, 3 de octubre de 2009

CAMPAÑA DE LA CORDIALIDAD




Nos resulta extraño que las personas den algo gratis a sus vecinos sin pedir nada a cambio. Este sábado en la calle del paseo hemos dado un ramito de romero y deseado un buen día a nuestros paisanos solo por el placer de hacerlo .En esta época de incertidumbre por el futuro, de crisis, de materialismo ,nos ha gustado mucho salir a la calle por nada. Por una sonrisa, un buenos días

domingo, 20 de septiembre de 2009

Nuevo Curso de Conferencias en el Ateneo.



Ayer en la Voz de Galicia:




El escritor y político Joaquín Leguina inaugurará el curso de actividades de la asociación ourensana LPD. Su conferencia, sobre la política autonómica de Zapatero, será el próximo día 28 a las 20.30 horas en el Ateneo. En próximos días intervendrán, entre otros, la doctora Elena Español, experta en paisaje, para hablar sobre los jardines de más de cien años de Ourense, o Adela Figueroa, presidenta de Adega, para hablar de ecología.


http://uriniagildo.blogspot.com/


sábado, 12 de septiembre de 2009

ESTE FIN DE SEMANA EN "O COUTO"

Muchos ciudadanos se acercaron de nuevo a firmar para pedir la rehabilitación y apertura del claustro:



un ingeniero índio,



un vecino de noventaycuatro años,




un ciclista sonriente,




y un guapísimo invitado de una boda,que llegó en moto.













martes, 1 de septiembre de 2009

COMENZAMOS EL CURSO


Miembros de la asociación Ciudadana LPD se reunieron el día 1 de septiembre con el Conselleiro de Cultura y el Director general de Patrimonio para solicitar la Colaboración de la Institución con la Campaña SOS SAN FRANCISCO, conscientes de la inquietud que despierta el estado de abandono del Claustro de San Francsico en todos los sectores de la Sociedad. Durante treinta minutos presentaron la documentación sobre el estado actual del Claustro y solicitaron la mediación de la Consellería ante el Ministerio de Cultura propietario del Conjunto histórico. Tanto la primera autoridad de Galicia como el Director General de Patrimonio se mostraron muy preocupados con la situación actual del claustro y se comprometieron a informar a la Ministra de Cultura, conscientes del gran valor del Monumento y la situación desdichada por la que atraviesa.
Satisfacción en los miembros de la asociación ante la gran acogida recibida y se muestran esperanzados de que entre todos ,instituciones y ciudadanos, podamos evitar el deterioro irreversible de un bien único en Galicia. Continuarán recogiendo apoyos y realizando acciones para evitar el olvido, el otro gran mal que amenaza al Monumento, y lograr lo antes posible que sea rehabilitado y abierto al público para disfrute de todos los ciudadanos.

domingo, 30 de agosto de 2009

EN DEFENSA DE LA SOCIEDAD CIVIL

La voz de la calle
Santiago Rey Fernadez la Torre

En nuestra vida cotidiana existen conversaciones recurrentes. Son frases que todos pronunciamos, que escuchamos a diario en la espontaneidad de las llamadas telefónicas y en las charlas de los cafés, los clubes deportivos o las paradas de autobús. Como editor de un periódico recibo su eco todavía más amplificado. Esos comentarios, certeramente críticos, desbordan mis cajones y mi correo electrónico. En un tiempo en que los poderes públicos parecen desnortados, uno se sorprende ante la capacidad de la gente para concretar con clarividencia los problemas reales y también ante la valentía de sus exposiciones. Pero normalmente todo expira ahí, en la mera conversación. Resulta desasosegante constatar que quienes se quejan asumen que sus justas reivindicaciones, por suaves que sean, no alcanzarán los despachos donde se regulan sus vidas. Mi obligación como editor es recoger la voz de la calle, atender a su deseo extremo de que seamos la conciencia crítica del poder, sea cual sea este, desde las fuerzas políticas a los técnicos del Estado; de Hacienda a los ayuntamientos; de las federaciones y directivas del deporte al funcionamiento de la justicia o el de las entidades financieras.
Cumpliendo mi deber de intentar ser notario de la verdad, quiero hoy dar voz a lo que se dice en la calle. La ciudadanía habla, por encima de todo, de la crisis económica, una de las más monstruosas e injustas de la historia. Lamentan verse arrastrados por una espiral en cuya génesis nada tuvieron que ver, sin recursos ni medios para hacerle frente, mientras que los auténticos causantes de la debacle son auxiliados con salvamentos vergonzantes. Fabricantes que alardeaban de solvencia, exigen y reciben ahora planes de choque pagados por todos, mientras algunos sectores que son el alma de Galicia, como el ganadero, se asoman al abismo sin ser objeto, ni de lejos, de un trato similar.
En zonas deprimidas de Galicia, como la Costa da Morte, se conversa sobre los obstáculos políticos que impiden asentarse allí a empresas que podrían paliar la lacra de la emigración, que continúa desangrándonos en el siglo XXI, agudizando así nuestro terrible problema demográfico. En esas comarcas castigadas por el abandono no entienden que se invoquen ahora trabas medioambientales para expulsar a empresas que dan trabajo cuando en los días del espejismo inmobiliario se consintieron todo tipo de aberraciones paisajísticas.
La gente habla, y mucho, de los gastos superfluos de la Administración, agudizados en España por la escasa responsabilidad contable de 17 administraciones autonómicas, que parecen incapaces de cooperar con lealtad y coordinación. En las colas de los parados gallegos resulta imposible entender que unos ayuntamientos que se declaran al borde de la quiebra dilapiden su dinero en festejos de verano en plena crisis. Galicia no está hoy para fiestas. Mientras todas las empresas, incluida la mía, se ven obligadas a encarar medidas drásticas de ahorro, a veces impopulares, la Administración gallega mantiene sus flotas de chóferes para trasladar a unos cargos que no quieren vivir en la ciudad donde voluntariamente han elegido trabajar. La Xunta conserva un palacete en Madrid a modo de embajada; el desfile de tarjetas, dietas y comidas oficiales continúa; la oscura administración paralela permanece en pie. En las conversaciones privadas no se entiende que se dilapide el dinero público en cambios semánticos, como los del Sergas y las escuelas. Si son escuelas infantiles, bastaba simplemente con llamarlas así.
En los hogares de Galicia viven personas que están sufriendo retrasos intolerables para pruebas clínicas y quirúrgicas. En las universidades gallegas se comenta con enojo la falta de fondos para buscar la excelencia en la educación, único futuro de Galicia. Mientras China y Estados Unidos, en su pugna por la hegemonía mundial, comparan cada año el número de titulados de élite que se gradúan en cada país, aquí nos enredamos en cuestiones nominales, o en debates idiomáticos, olvidando que las lenguas son puentes de palabras que nos deben unir, y no senderos hacia el muro de la incomunicación.
En una Galicia donde la educación y la sanidad están todavía muy lejos de lo óptimo, donde todas las empresas atraviesan coyunturas durísimas, es de todo punto incomprensible que tres presidentes de Galicia hayan perseverado en la construcción de una obra faraónica y sin utilidad conocida. Lo que se decía en la oposición se olvida rápido al llegar al poder, y sé bien de qué hablo. A veces el dispendio alcanza incluso la categoría de ofensa, como cuando se importan para esa obra materiales como la piedra, que ha sido secularmente seña de identidad de Galicia. En la calle, donde gobierna el sentido común, se pide llanamente que se detenga de inmediato un gasto insensato en un complejo sin sentido.
En las charlas de los cafés se dialoga, con preocupación y enojo, sobre la radical incapacidad de los partidos para ponerse de acuerdo en asuntos elementales para el bienestar de todos. El primer partido negocia con el tercero para darle más presencia en el Parlamento de la que le corresponde según las normas, solo por un afán de perjudicar a la segunda fuerza. A su vez, el segundo partido continúa sin aportar sus soluciones alternativas ante los problemas que nos atenazan y ni siquiera clarifica ante los ciudadanos cuál será su política de alianzas si recupera el poder. Mientras, políticos que intentaron ejercer una presidencia paralela, y a los que los gallegos retiraron de la vida pública en las últimas elecciones mediante su voto libre, disfrutan del boato de coches, despachos y secretarias, y maniobran para volver pese a ser reiteradamente rechazados por los votantes. Al tiempo, el ex presidente, que al menos supo leer el resultado de las urnas y retirarse con elegancia, recibe frialdad y encono en sus propias filas.
Los gallegos hablan de economía, sí, y cada vez más. Conversan sobre la grave inhibición de los poderes públicos y el abuso de los piquetes durante una huelga brutal en los astilleros, que ahora comienza a pasar su previsible factura en forma de caída de los pedidos. Los depositantes de las cajas de ahorros, millones de gallegos, critican la pretensión del poder partidista de dirigir dos entidades que no son suyas, sino de todos sus impositores. Tampoco se entiende que en nombre del localismo más estéril, una de las grandes rémoras de Galicia, se pretenda ignorar las realidades del mercado, pues una caja casi dobla a la otra en tamaño.
Yo escucho y también me hago mis preguntas. ¿Alguien está pensando en cómo va a superar Galicia el inminente fin de los fondos europeos? ¿Cuál es el programa para ello de PP, PSOE y BNG? O lo que es más grave: ¿Qué proyectos de futuro tienen los tres partidos para Galicia, uno de los países más envejecidos del mundo, desfondado además en los tres últimos años por la deslocalización de varias de sus mayores empresas?
¿Por qué se presenta como un éxito que el AVE gallego incumpla finalmente todos los plazos y llegue, si es así, 23 años más tarde que el de Sevilla? ¿Cómo es posible que se estén reprogramando en Galicia operaciones para pacientes con cáncer, tal y como ha sucedido en mi entorno más próximo? ¿A qué esperamos para acometer la reforma de instituciones obsoletas, como el Senado, las diputaciones o las cámaras de comercio? ¿Por qué la Xunta sigue sin ser una administración transparente en lo que hace a sus gastos, como prueba una y otra vez el proceso del Gaiás, con el caso paradigmático de las compras de libros?
¿Cómo es que el celo con que Hacienda controla a los contribuyentes de rentas bajas y medias se convierte en laxitud y tolerancia cuando se trata de clubes de fútbol? ¿Es tolerable que personas que ocupan cargos públicos, que deben ser ejemplo de respeto a la ley, llamen a la insumisión contra las normas que nos hemos dado todos, como está ocurriendo ante la posible sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña? ¿Por qué tenemos que resignarnos a que Galicia y España, por la incompetencia de sus políticas económicas, salgan de la crisis años después que otros países de nuestro entorno? ¿Dónde está el primer partido de la oposición en un momento en que el Gobierno de España solo toma medidas ineficientes y caprichosas, que nos garantizan una pesadísima carga para muchos años? ¿Dirá algún día basta la sociedad civil y obligará a sus representantes a que escuchen lo que dicta su sentido común?
Mañana cumpliré 71 años. Llevo cincuenta años en la nómina de La Voz de Galicia. He contribuido, en la medida de mis fuerzas, a la restitución de las libertades y la democracia, en cuya defensa me encontrarán siempre. Mano a mano con el mejor galleguismo de nuestra historia he trabajado para que Galicia viese reconocidos sus derechos. Esas nobles causas me arrostraron multas, incomprensión, presiones inenarrables. Pero ganamos aquel envite y se abrió un nuevo marco de esperanza. Por eso me resulta especialmente descorazonador ver que hemos arribado a un tiempo donde el dinero solapa a la ética, donde la zancadilla cortoplacista prima sobre los grandes consensos en favor del bien general, donde los intereses partidistas o personales se anteponen a los de Galicia. Por eso vuelvo a reiterar que si queremos evitar una tragedia debe reaparecer la sociedad civil y se debe fraguar una acción concertada que sume los esfuerzos de todos, sea cuál sea su color, en favor del proyecto de Galicia. Entre tanto, no puedo, ni debo, ni quiero, tirar la toalla. Seguiré haciendo lo mismo que llevo haciendo toda mi vida, tratar de elaborar hoy el mejor periódico que jamás he hecho, pero sabiendo que mañana intentaré superarlo.